Revolver - Working In Background La fábrica de misterios: La otra cara de la manzana

lunes, 18 de noviembre de 2013

La otra cara de la manzana

Y allí, en medio de una habitación de hotel de servicio incluido, se encontraba ella, con la mirada absorta en una lámpara de araña que, con cientos de lenguas de luz engalanaba una estancia salpicada de morbo, sangre y olor a pecado. A horcajadas y de espaldas sobre un cuerpo inerte, sin vida y con los ojos aún desorbitados, como si todavía, desde el más allá, pudiese admirar la belleza de la mujer que reposaba complacida sobre él. Ella sentía el placer que se experimenta cuando durante un momento de la vida eres consciente de que todo es perfecto, de que no hay nada que pueda estropear tu dicha.
Su cuerpo estaba vestido por un picardías que escupía orgullosa sobre todas las demás “prendas” de ocasión de dicho estilo. A su alrededor, el oxígeno se bañaba alegre en el perfume que destilaba su cuerpo y el tipo de sudor que sólo emana del mejor y más salvaje sexo.
Las finas cortinas del ventanal se mecían con la brisa exterior de una Manhattan que ya disfrazaba sus rincones de invierno y nocturnidad. Los ruidos de bocinas, motores y demás jaleos se perdían en el eco de una habitación que gritaba silencio y se congelaba en el tiempo.
Miró en derredor los cuerpos acuchillados, mutilados y acribillados de otros cinco hombres medio desnudos que perfilaban aquella siniestra pintura macabra. Todas las sábanas, todo el suelo de parquet y toda la pared, habían sido lamidas por la huella inconfundible de la sangre y la masacre. En la habitación habría dos o tres armas blancas y algún revolver, al menos que ella recordara, y lo más curioso y divertido era que no tuvo que empuñar ninguno de esos cuerpos del delito para llegar a esa escena; ella era el cuerpo del pecado, y tocar el pecado en su estado más puro es tentar a la suerte, a la muerte y al crudo destino.
En su cara se leía la paz absoluta acompañada de un estado de embriaguez, de ensueño. Nada menos que cinco hombres habían luchado a cuchillo, bala y puño sólo por una mirada de sus dulces y caprichosos ojos, por un beso de sus carnosos labios o por el simple roce de su llamativa piel.
Se oyeron a lo lejos las sirenas de coches de policía dirigiéndose hacia allí; ella dio el aviso. Sería aún más divertido comprobar qué pensarían las autoridades al hallar una habitación con hedor a sexo de toda clase, albergada por los cuerpos de gente de ley y perros de la mafia, y todos con el mismo objetivo dejando de lado sus diferencias: ella. Sería todavía más excitante cuando, con sólo una mirada y un par de palabras, dos o tres seres infames de uniforme se sumarían al cuadro simulando ser gladiadores por mandato de su voluntad de mujer superior, de ser superior.
Había dado su vida en un beso de tibio veneno, por tener ese poder, por cambiar su situación y por pura venganza contra la sociedad corrupta y racista en que vivía, y se sentía una diosa entre hombres. Pensaba cobrarse cientos, no, miles a cambio de la suya.
Sonreía, y por más que lo intentaba, no podía dejar de hacerlo. Daphne se sentía plena, poderosa.
- Gracias, Eva... Gracias, mi dama, – dijo con un susurro casi imperceptible – gracias por regalarme el pecado.



4 comentarios:

  1. Hola :)
    Pues como la novela sea igual de buena que el prólogo... Me has dejado con ganas de leerla enterita!!!
    Besos

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  2. Hola,
    La verdad es que me ha gustado mucho. Muy bien escrito.

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  3. Vaya, es un placer leer estas opiniones. Un millón de gracias :)

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  4. Dafne me gusta. En algunos pasajes me recuerda a casos por resolver de Chamorro y Vila (Lorenzo Silva). Frases lapidarias entre texto común, que deja de serlo, en el preciso momento que la lees. Pega? Demasiada sangre tras el lienzo. Mucho, asocial quizá? Sabes que no me dejas ser demasiado objetiva, aunque lo intento. No me importaria saber qué pasó para que Dafne llegara a esa habitación, a ese olor, a ese ambiente.... Antes, incluso, de que lleguen los de los pirulos en el techo del coche. Lo conseguirás... Besos

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