Revolver - Working In Background La fábrica de misterios: Llamando a la Tierra

sábado, 24 de mayo de 2014

Llamando a la Tierra

 Hace tiempo que se apagó la luz de Venus. Lo cierto es que en este frío y desolado tramo que separa Júpiter de Marte y Marte de la Tierra, y en una nave con tantos adelantos…bueno en realidad son dispositivos que apenas uso, uno llega rápido a perder el tiempo con detalles o pasatiempos que hubiera dado de lado en casa; como por ejemplo divisar el planeta muerto de Venus. Cuando me metí al ejército como piloto explorador me esperaba otra cosa. No sé; extraterrestres, combates contra organismos vivos en planetas desconocidos, descubrimientos intergalácticos. Pues bien, llevo un año en una misión de reconocimiento rodeando Júpiter en busca de bienes para nuestro decadente planeta y lo único que he encontrado es; redoble de tambores, ¡Nada! Todo lo anterior sólo es carne de libros y videojuegos. Llevo un mes comiendo mierda aquí solo en mi nave; Wild Horse. Muy bonita, avanzada y veloz, pero ahora veo que para una misión así el gobierno derrochó en una tecnología un tanto sobrante. Así que en resumen, estoy rodeado de una cantidad ingente de aparatos, ordenadores, mecanismos e incluso munición que nunca utilizaré. Una pena, porque algo de acción no me vendría mal para variar. Por lo menos tengo la guitarra que me regaló mi primo. Y como el ordenador principal tiene toda clase de archivos; históricos, músicos, cinematográficos…juegos, entretenimiento, idiomas… Pues eso, que siempre hay algo que hacer. Que curioso, en los archivos veo que una de las cosas que apenas ha cambiado con los años son estos maravillosos instrumentos. Maravilloso es un decir porque sigo sin cogerle el truco. Voy a poner la función personal del ordenador principal. Es una maldita locura hablar con un ordenador, pero a falta de alguien de carne y hueso…
- Ordenador, abre la función personal.
- Buenas noches, señor.
- Buenas noches, ordenador – No sé qué cojones hago dándole las buenas noches a una máquina, pero bueno.
» Ordenador, busca la tablatura de Stairway to Heaven.
- Cargando tablatura desde el principio, dónde suele aparcarla siempre, señor.
- ¿Eso es sarcasmo, ordenador?
- En absoluto, señor. Sólo me baso en historiales de comportamiento y uso, señor.
- ¿Ah, si? Pues dime, ¿cuándo fue la última vez que cagué?
- Por el reconocimiento de voz diría que eso sí es sarcasmo, señor, pero por miedo a caer en error de cálculo añadiré igualmente que defecó usted hace tres horas y veintidós minutos, señor.
- Correcto. Buena vigilancia.
- Si me permite el comentario, señor, capto por la cámara que se ha puesto su sombrero favorito, señor.
- Muy agudo, ordenador, mi sombrero de cowboy. Me inspira para tocar.
- Bueno, señor, si con inspiración se refiere a concluir satisfactoriamente cada tablatura hasta la fecha…
- Ordenador, cierra la función personal.
Ya hace tiempo que no me sale este puto acorde. ¡Joder! ¿Cómo era? ¡Bah! No sirvo para esto. Un maldito año aquí enrolado en esta absurda misión con tiempo de sobra para demasiado y sigo sin hacer bien ese punteado. A ver, no pretendo emular a Jimmy Page, han pasado casi cuatrocientos años desde que se fuera a criar malvas y todavía no ha salido un “guitarra” con ese toque. De hecho… sólo quiero tocar…este jodido… ¡coño!…punteo del principio… ¡Maldita sea! Siempre me quedo en la mitad. Paso.
Veamos si tengo algún mensaje de la base. Mensaje del capitán; ya lo leí. Mensaje de mi mujer; leído. Que duro es estar fuera. No llevo bien la distancia… ironía, estoy a tomar por culo de la Tierra, y aquí, su recuerdo es como un cuento de ciencia ficción. Remedio; joderme hasta que acabe la misión. A ver qué más. Mensaje de reporte; éste lo mandé yo. No estuvo mal, encontré un mineral extraño que podría trabajarse con fines de combustible y demás. Y aquí éste otro que mandé al Doctor O’Brian con el reporte sobre aquella estrella del cinturón de Orión. Murió, fue terrible. Pues nada, ni un mensaje nuevo.
Voy a intentar contactar con la base. Se supone que da señal. Joder, lleva días así. Esperando una contestación que no llega. Seguro que se ha jodido el comunicador. Se pasa horas cargando para nada. Menos mal que me dieron reservas de energía para casi dos años y esa mierda de bolsas de comida. Qué ganas tengo de llegar a casa de mi madre y atiborrarme de verdaderos platos de comida, y no de esta reducción científica asquerosa que no sabe a nada, por lo menos a nada auténtico. Un buen chuletón de cerdo…no, mejor, un entrecot de ternera. Cuántas cosas echo de menos.
Creo que voy a hacer algo de ejercicio a ver si así al menos me despejo y con el cansancio me tranquilizo. Mañana me queda un itinerario curioso. Aunque ahora que lo pienso… Voy a mirar el registro y la agenda porque creo recordar que sólo me queda un mes. Un mes y a casa. Qué alegría. Siempre me han gustado estos ordenadores tridimensionales acoplados al dorso de la mano. Estaba en agenda laboral, en el apartado de trabajos pendientes. Bien, sólo queda bajar una vez más al planeta para sacar muestras del aire y verificar la presión que ejerce la gravedad. Desde luego, con trajes adaptados se podría sacar partido a Júpiter. Igualmente, un mes se dice pronto.

Cómo siempre, una buena tanda de ejercicio y estiramientos te dejan a punto para ir a dormir a gusto. Ahora, cena gourmet, una ducha como Dios manda y a la cama. Aunque, bueno, cansado, cansado, lo que se dice cansado, no estoy, al menos no del todo. Creo que voy a echar una partida de poker con el ordenador. La maldita máquina utiliza el reconocimiento facial, sonoro y mis jugadas guardadas para establecer una estrategia a seguir con la que, por cierto, me está partiendo el culo desde hace un par de meses. Pero ya le voy pillando el truco. Veamos si la engaño esta vez.

- Ordenador, activa la función personal y abre Texas Holdem, que te voy a romper uno de los pocos dispositivos que olvidaron ponerte.
- Buenas noches de nuevo, señor.
- Que si, que si, tú abre el juego.
- Cargando Poker Texas Holdem. Cargando fichas de apuesta y cartas interactivas. Repartiendo naipes. Iniciando partida. Juegue, señor.
Veamos qué tengo aquí. Vaya, un tres y una reina, ambas de picas.
- Vamos sin ciegas, ordenador, sólo estamos tú y yo. Abriré con cincuenta dólares “interactivos”, que es la mínima apuesta que fijamos la vez anterior.
- Cincuenta dólares. Estupendo señor, comienza comedido, espero que el ejercicio y la ducha hayan sido satisfactorios, señor. Me complace verlo relajado.
- Recuérdame que te explique el concepto de mariconeo, ordenador. Lo digo para que obvies ese tipo de comentarios de aquí en adelante.
- Lo apuntaré en la agenda como tarea pendiente, señor.
- ¿Los ves o sólo me das cuerda para ver mi reacción?
- Los veo y subo cincuenta dólares más, señor.
Puta máquina de lo huevos. Ya empieza, para ponerme nervioso y que me retire. Pero ya no caigo más, que es un ordenador y farolea que da gusto.
- Los veo.
- Iniciando Flop
A ver si tengo suerte, que parece ser la única manera de plantarle cara a la máquina. Un ocho de corazones, una sota de picas y…un ocho de picas. Casi tengo color. Espero que no me lo note.
- Juega usted, señor. Debe tener buena mano pues noto cómo se le ensanchan las aletas de la nariz. Aunque quizás sólo sea impresión mía, señor. Perdone el atrevimiento.
- Pues si, es una impresión tuya – Ya me ha cogido otra vez el ordenador de los huevos. Me cago en la máquina del demonio – Apuesto ochenta dólares, ordenador.
- Debo recordarle, señor, que la máxima quedó establecida en doscientos cincuenta dólares por fase. Al haber subido levemente supongo que a pesar de tener buena mano pretende usted engañarme para que archive lo contrario. Así pues, veo sus ochenta y subo veinte más.
- Eso, sube mamón, y no te calles que es malo - Serás cabrón – Los veo.
- Iniciando ­Fourth Street.
Un rey de tréboles. Mierda para mí. El ordenador juega además con estadísticas. Todo son ventajas para él y basura para mí.
- Juega ust…
- ¡Que si! Yo abro la apuesta.
- Lo noto nervioso, señor.
- Ordenador, no me toques los cojones y espera que piense que voy a apostar.
- Si, señor, como guste, señor.
- Apuesto ochenta dólares, ordenador.
- Veo que mantiene la apuesta, señor. Veo sus ochenta.
- ¿No vas a subir? Qué raro, algo tramas.
- En absoluto, señor. Iniciando River.
¡Un seis de picas! Por fin algo de suerte. Toma color que te vas a comer. Y pienso cerrar el programa y la partida justo después para acostarme ganador por una puñetera vez, para que se joda el ordenador.
- Habla usted, señor.
Me lo voy a currar a ver si la desplomo. ¿Dónde está mi sombrero? Ahora, mejor.
- Ordenador, espera mientras voy a la nevera a por hielo. Me apetece jugar con un buen Martini a lo James Bond. Aunque bueno, ni tenemos limones ni una copa de cristal en condiciones, pero algo se improvisará.
- ¿Capto en su tono de voz seguridad y altivez, señor? ¿Debo esperar por consiguiente una buena mano?
- Que no hombre, que es por tirarme un farol, está clarísimo que me vas a desplomar de nuevo – Creo que con el comentario la acabo de cagar, pero ya me da igual – Ya voy, estoy terminando de servirme la copa.
- Por supuesto, señor. Aquí le espero.
- Tú qué vas a decir, ibas a tener que esperar de todos modos.
- Si, señor.
- A ver, apuesto…ciento veinte dólares.
- ¿No querría apostar más, señor?
- ¿Mi ordenador me está chuleando?
- En absoluto, señor. Veo sus ciento veinte y subo sesenta dólares más.
- Ahí quería yo verte. Te noto seguro y animado, ordenador.
- Las partidas de juego mental son enriquecedoras, señor. Procurar alegrarlo es uno de mis múltiples cometidos.
- Genial. Pues bien, veo tus sesenta y hablo. Color, de picas. ¡Toma mamón!
- Buena jugada, señor, arriesgando hasta el final y prudente en sus apuestas.
- Eso es chaval. Me has captado. Ve pasando a mi lado las fichas electrónicas.
- Full de ochos y reyes, señor.
- Eso, pagando que es gerundio… ¡¿Qué?!
- Tengo Full de ochos y reyes, señor. Una jugada superior al color, señor.
- No jodas, ¿de veras? ¡Me cago en mi sombra!
- Lo siento, señor. Otra vez será.
- Encima comentario para pellizcarme los huevos.
- Señor, ¿he de recordarle el concepto de mariconeo?

- No me puedo creer que todavía me quede un mes…  

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