Revolver - Working In Background La fábrica de misterios: Un brindis por los condenados

sábado, 24 de mayo de 2014

Un brindis por los condenados

 No llegaba al punto de mala muerte, pero ningún individuo de polo de golf o perfume de cien dólares hubiera regentado un local así, mucho menos ocupado siquiera una silla para pedir una cerveza. Un camarero disfrazado de horas y horas de barra de bar se acercó para ofrecer dos cervezas más a una mesa en que resonaban el crepitar de unos dados gastados y brindis por cualquier cosa. Después de tres jarras de rubia bien fría y unos cuatro o cinco chupitos de tequila de factura mexicana, el motivo para un chin-chin, era indiferente. Los dos clientes se miraron, alzaron las jarras en gesto de nuevo brindis, las posaron sobre la mesa dando sendos golpes y luego dieron un buen trago a sus cervezas.
  • A todo esto – comenzó el que parecía más joven - ¿Por qué brindábamos?
  • Cuando ya se ha bebido es porque el brindis a sido asumido – Sonrió el más mayor.
Desde fuera, la conversación, las jugadas de dados y el cara a cara con el alcohol lo mantenían dos hombres totalmente distintos. Uno, el más joven, parecía sacado de una película en homenaje a Woodstock. El segundo, trajeado y acicalado, parecía lucir los cincuenta como sólo lo hacen los buenos dandis de corbata y pitillera de plata. Sin duda alguna, una pareja muy dispar.
  • Cuéntame... - El mayor hizo un gesto, esperando respuesta mientras encendía un cigarro de color negro.
  • Jimmy – respondió el joven, sacando otro del bolsillo de su camisa negra. Entonces, el caballero de traje gris perla, le guiñó el ojo y dio una larga bocanada al cigarrillo, guardando a la vez un mechero de oro en el bolsillo de su pantalón.
  • Bien Jimmiy, cuéntame algo. Llevo tiempo observándote – Jimmy se irguió en su asiento y miró sorprendido a aquel tipo mientras ladeaba sus labios para dejar escapar el humo de su cigarro – Si, no te extrañe. Hace un tiempo tocaste en solitario en un local de blues que me encanta. Igual, ibas tan colocado que ni te acuerdas – Jimmy soltó una risotada.
  • Igual si – Los dos rieron.
  • Permíteme que te diga que tocas de puta madre, colocado y todo.
Jimmy levantó la jarra, dio un sorbo y dijo:
  • Ya, suele pasar.
  • Si, ciertamente. Me pregunto por qué será.
  • Es fácil, para moldear bien los pecados, primero debes somatizarlos – la respuesta de Jimmy fue acertada y divertida para aquel tipo, que le devolvió un guiño cómplice y dio un trago a su cerveza.
  • ¿Crees que tocas mejor...puesto hasta arriba de...todo? - Jimmy cambió el gesto dando a sus cejas un tono de seriedad y apurando el cigarro, apoyó un codo en la mesa y con la mano del cigarro cogió el cubilete de los dados. Llevaban mucho alcohol y alguna que otra cajetilla de cigarrillos de marca indefinida desde que comenzaron a jugar al poker.
» Llevo toda la noche reventando tu suerte, confabulado con el azar ¿De veras puedes permitirte invitar a otra ronda? - Y Jimmy miró al individuo de gris, le sonrió y, matando al cigarro dijo:
– Joder, es cierto, tienes la suerte del Diablo y yo poca pasta. Maldita sea – Entonces meneó el cubilete, acabó su cerveza de un trago y tiró los dados sobre la mesa. Una J y dobles parejas de Rojos y Negros. Poca cosa. Saco otro cigarro y lo encendió mirando fijamente su jugada.
– ¿En abierto? ¿No vas a probar siquiera a mentirme?
– Voy a contestar a tu primera pregunta y luego voy a por esa. Camarero – He hizo un gesto con la mano hacia la barra pidiendo una nueva ronda – Verás Charles, ¿puedo llamarte Charles? Te va que ni pintado con el traje, la corbata y los zapatos de marca.
“Charles” sonrió e imitó a Jimmy dando el último sorbo que aquella jarra podía ofrecer. Luego le devolvió a Jimmy un ademán con la mano derecha para que prosiguiera.
– Verás Charles, no toco mejor “puesto hasta arriba”, como dices, simplemente me lo creo más ¿Qué digo? Todo lo hago mejor colocado. ¿Y sabes por qué es así?
– Ilumíname – Añadió Charles devolviendo al camarero las jarras vacías y recogiendo los dados para lanzar la respuesta a la jugada de Jimmy.
– Fácil. Porque acepto que me encanta y me hace más llevadero este maldito mundo, esta jodida sociedad en que buceamos. Al aceptarme a mí mismo incluyendo mis males y mis pecados, me libero de toda la lacra social que dictamina qué está bien y qué no, y mis notas fluyen libres, joder, sin dar cuenta a ninguna estricta partitura.
– Ya veo – Y justo antes de tirar, miró a Jimmy de soslayo y preguntó - ¿Estás seguro? La vas a pagar tú.
– ¿Tengo alguna posibilidad acaso? Y con ésto respondo a la segunda cuestión.
  • Entonces, dime – Y dio la vuelta al cubilete encerrando dentro la jugada para crear misterio Si sabes que vas a perder, ¿por qué juegas?
  • Charles, Charles, Charles... Cómo se nota el doble fondo en esa pregunta – Y brindaron de nuevo a nada y a todo. Antes de responder te propondré algo, destapa tu jugada y lo verás.
Y allí, aceptando su papel fortuito, cinco dados mostraban, no un poker, sino un re poker de Reyes. Jimmy abrió los ojos todo lo que alcohol le permitió y sonrió dando luego una larga bocanada a su cigarro.
  • Vaya, a esa jugada solo la supera otro re poker, ésta vez de Ases ¿Cierto?
  • Correcto.
  • Bueno Charles, para mi es fácil. Si quieres que lo diga sin pudor, lo haré. Me gusta esta puñetera droga de los ochenta, es más, lo acepto, Charles. Esa es la jodida diferencia entre la sociedad y yo; aceptación, un concepto que no parece ir con nuestro mundo.
  • Brindo por esa aclaración – Y ciertamente brindaron con sus jarras.
  • Así que si me preguntas, después de estas “x”jarras de cerveza y los “y” chupitos al cuadrado que a mi me tienen sobrevolando la psicodelia y a ti parecen saberte a agua, te responderé que... Arrepentirse es de cobardes. En serio, Charles, si viniera un puto médico a esta mesa en este momento... ¿Qué digo, joder? Si bajara el Espíritu Santo ahora mismo, entrara por esa puerta y me dijera: Jimmy – Y cambió el tono de su voz para que pareciera grave y decidida – si sigues por este camino, chico, alcohol, drogas, rock and roll... Es más, si te acabas ese porro morirás ahora mismo.
Charles comenzó a reír, pidiendo al camarero dos chupitos más cuenta de su misteriosa cartera negra.
» ¿Sabes cuál sería mi respuesta? - Charles se tomó su chupito de tequila y lo miró divertido – Apuraría el jodido porro, Charles, me lo fumaría como si fuera el cuerpo de una maldita pin up. ¿Y sabes por qué? Porque me encanta y soy muy consciente de ello y porque es lo que he elegido. Y, - añadió de repente – porque toco de putísima madre, Charles - “Charles” se echó a reír mientras sacaba otro cigarro más de su pitillera de plata.
» Si, Charles, amigo mío, toco la guitarra para como para que hagan una estatua dedicada a mis huevos - “Charles” comenzó a soltar carcajadas. Hasta el camarero sonreía y hacía con la cabeza un gesto de afirmación – Toco como si una valquiria se hubiera tirado a mi guitarra, Charles. Y, si no es así, a mi me da igual, porque no me doy ni cuenta gracias a toda esta mierda. La vida es para disfrutarla, y qué quieres que te diga, yo la disfruto a mi manera.
  • Interesante – respondió “Charles” cuando Jimmy acabó el discurso – Entonces, santo de la aceptación ¿Pagarás esta ronda?
  • Voy a hacer algo mejor, Charles, voy a salirme de mi piel con esto y a dejarte boquiabierto. Y aquí es donde entra mi propuesta. Que te parece si, para que entiendas mi forma de ver las cosas, nos jugamos, y vas a escuchar bien, mi alma en esta tirada. Tómatelo en plan metáfora o cualquier mierda filosófica que se te ocurra, porque yo voy a tirar muy convencido.
  • ¿Lo dices en serio? Tienes que sacar cinco Ases y además pagarías una cuenta curiosa – En los labios de “Charles” se leía una mueca risueña que parecía haberse puesto de acuerdo con sus ojos.
  • Completamente. Nunca había hablado tan en serio – Y justo al acabar su frase, posó el cubilete sobre la mesa dejando en su interior su destino marcado en unos dados de poker y se tomó su tequila. Luego, se puso de pie sin destapar la jugada, encendió otro cigarro, guiño un ojo a “Charles” y cogió su guitarra, que se encontraba apoyada en una de las sillas de la mesa. Hizo un saludo silencioso al camarero y salió por la puerta con paso decidido.
Charles se quedó unos segundos acabando el cigarro y saboreando el momento. Entonces cambió una mirada con el camarero y se dispuso a destapar el cubilete. Ni siquiera lo llegó a levantar cuando soltó una risotada y susurró.
  • Ya lo entiendo. Aceptación. Qué cabrón – Y se levantó, pagó la extensa cuenta de jarras y chupitos y abandonó el bar.

El camarero, que no tenía tanto aguante ni vestía tanta chulería, se dirigió a la mesa, ocupada ahora por vasos vacíos y ceniceros colmados de gris. Recogió los vasos, los puso sobre una bandeja y, con la mano que aún le quedaba libre, destapó la jugada de Jimmy, y, para su sorpresa, no tuvo otra que sonreír.

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